No encontré razón para permitirme decir adiós. Pero todo a mi alrededor me obligó. Lo hechos fueron más allá de mis ideas, de mi realidad.
Llegué hasta encontrarme conmigo mismo, y no pude evitarlo, tuve que despreciarme. Sentir culpa y placer, sentir que todo se perdió y que todo lo gané.
Entre el ayer y el hoy, no hay mas diferencia que tu presencia.
Ayer era un café... Hoy tus ojos secos.
Tu cuerpo más quieto que nunca, frío, color a nada. Pero todavía había energía. Te sentía.
Yo ya lloré en el primer momento, como observando el futuro. Pero aunque prevenido estuve, no existen palabras, ni expresiones, que admitan tu ausencia.
Abrazarte, renegarte, ponerme tan duro como tan blando. No importa, si al final, te sonreí, y te abracé.
Fuiste, Sos y Serás... Papá!
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