6/10/08

Amatista

Ayer camino a casa, encontré una piedra, era muy brillante, lisa y cortante, violeta en degradé a negro, nunca me había impactado tanto una piedra, me quedé observándola durante un largo momento. Seguí camino a casa cuando sentía una sensación extraña en el bolsillo donde estaba guardada, la saqué y estaba brillando tanto que encandilaba mis ojos a plena noche. Sentí una fuerza muy extraña, muy poderosa, de repente comenzó a flotar de mis manos, y avanzaba esperándome cada vez que me retrasaba al seguirla, nunca supe a donde iba, pero tampoco importaba, comencé a sentirme cada vez mejor, pero cada vez me alejaba más de mi destino, igual no me importaba. Después de tanto caminar, frenó frente al río, esperó 10 minutos y allí se arrojó, seguía brillando y se veía como avanzaba sobre la marea, la marea empezó a calmar y ella volvió a flotar, allí estaba tan lejos de mí pero tan cerca se sentía. Que piedra extraña era.

Al apagarse y perderla de vista, emprendí mi vuelta a casa, hasta que algo golpeó mi espalda. Si, era de nuevo la piedra buscándome, como un perro cuando quiere jugar, corría por todos lados esperando que la siguiese, pero parecía no entender que mi destino era mi casa.

Allí fue donde me dí cuenta que no era ese mi destino, si no el de viajar por el mundo sin tener de que preocuparme, acompañado de ella... "La Amatista"

1 comentario:

Gittana dijo...

Un destino marcado por un amatista??? hasta cuando? como? porque???