Afectado de tantas palabras, decidí levantarme de la silla e irme. Todos resoplaron al verme. En la cima de mi hogar, prendí un cigarro, me alejé de las luces y contemplé las estrellas, la Luna y el suave sonido de la seda quemándose.
El silencio era mi hogar, las suaves palabras del viento cerraron mi ojos y comencé el viaje. Caricias, risas y miradas vinieron a mi. Era un río de regocijo que fluía sin parar. De pronto la luz me atormentó y los fuertes ruidos volvieron. Otra vez allí sentado estaba. Pero no por mucho. Me preparé un café, esperé a que se haga la hora y en soledad me recosté. Comencé a escribir y heme aquí... Contando mi Pasado, Presente y Futuro.
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